Escrito por Yrazema Mayta
Qué difícil es ser joven en un mundo de gente cansada, ocupada, sin paciencia y con prisa.
Desordenados, rebeldes, despreocupados, son sólo algunos de los calificativos que las personas con más experiencia de vida, utilizan para referirse a los jóvenes y, más aún, si tienen hijos así.
Sin embargo, observo la vida de estas personas y veo que han olvidado sus sueños, los han apagado y ahora pretenden apagar los sueños de niños y jóvenes; veo que nos ofrecen un mundo lleno de maldad, donde sentimos miedo de desarrollarnos y tenemos que seguir las reglas del más vivo y del más fuerte, porque de lo contrario nos va peor; veo que no tienen vida, están automáticamente programados para seguir una rutina que les ha robado la felicidad; veo que no tienen más fuerza para hacer lo que quisieran y con cierta pena esperanzada y temerosa, esperan alguna clase de seguridad para sus últimos días; veo que han dejado de sentir, de luchar y de ser.
Por otro lado, veo a los «desordenados, rebeldes y despreocupados», quienes todavía tienen la esperanza de cumplir sus sueños aunque les digan que no es posible; veo que quieren un mundo diferente y, a su manera, tratan de cambiar lo que otros han establecido como «vida»; veo que aún les brillan los ojos al buscar algo nuevo, tratando de no correr en círculo; veo que tienen toda la fuerza y potencial para crear, pero nadie cree en ellos; veo que quieren ser en un mundo donde no es posible.
Se preguntan por qué son rebeldes, desordenados y despreocupados; mejor pregúntense qué están haciendo por ellos. Parece que la «mucha experiencia de vida» tradicional, no está funcionando.
Escrito el 16 de setiembre del 2019