Toblerone

En algún tiempo de las restrictivas épocas de pandemia, tuve la oportunidad de salir a beber unos tragos con una increíble chica que logré conocer en el Colegio Mayor. Fue una de esas oportunidades en las que el sol te acompaña al entrar a algún restaurante, pero al salir quien te recibe es la noche y un piso no tan estable.

No contaré todo el trayecto, dado que prefiero guardarlo en mi memoria; sin embargo, sí mencionaré una pequeña parte, pues me dio un salto de inspiración para un escrito corto, pero con significado.

Daban más de las ocho y estábamos bajo un farol naranja frente a una cúpula, los asientos de madera nos recibieron con apacible amabilidad y presenciaban una charla de temas varios en los que rondaban recuerdos de previas ebriedades. Fuimos andando a la casa de un colega que tuvo el gesto de recibirnos para compartir unos piscanos y, bajo los árboles que estaban en el camino, ella mencionó que tal persona era un chocolate triángulo y que aquella otra era un sublime.

El símil del chocolate abrió en mi mente la idea del “lo que estamos hechos”. Sí, lo visible es el aspecto físico, pero lo que cuenta es el sabor de lo que nos conforma. Y si alguien era un sublime o un triángulo o una princesa… ¿Cuál es nuestro sabor?

Pensaba en el proceso al que varios se adhieren, en el que solo son un producto más acorde a los estándares de la industria (sociedad). Y entonces me insté (y también te insto, estimado lector) a ser algo más que lo mejor que te puede dar lo estándar, mejor que un Toblerone. Llamémonos a ser aquel chocolate de alto cacao artesanal amargo, cuya forma sea moldeada con madera de roble, los detalles tallados a mano, empacados en fino dorado impermeable y en cajas que indiquen “ganador del premio a mejor chocolate internacional”. Aquel chocolate con el cual exista el compromiso consciente de que tiene una innegable calidad, de un valor que no necesita ser medido. Y para todo aspecto de la vida, que tu esencia sea ser un chocolate único e incomparable, cuyo sabor lleve a un viaje trascendental; explosivo, pero delicado en la boca y con tonalidades que te hagan sentir el color del sabor, sabor que no acapare ni empalague, pero sobresalte; que destaque en el tiempo y sea digno de recordar; aquel sabor arrebol que antes de dar su último aliento, te deleite con la sorpresa de que también conservaba una dulce fruta o un añejo licor en su interior.

Estísco (14:41, 18/04/2021) Con música favorita de fondo en el siempre fiel parlante rojo, la calidez del algodón de un polo, después de un día memorable y disfrutando de la dicha del presente.

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