Yo no quería ensuciarme, tan solo buscaba llegar al otro lado del mundo volando.
– Mamá, mamá ¿Dónde está aquel juguete que me gané en la fiesta? –
– No lo sé hijito, por ahí debe estar– decía, mientras continuaba cocinando.
Busqué, entonces, por donde solía poner mis juguetes, luego bajo la cama y en el segundo piso abandonado, hasta que pude dar con él.
Era mi proyectil a chorro de plástico, tenía el tamaño de mi mano y era de color rosado. La verdad, yo no sabía por qué los mayores le llamaban granada, si yo había visto en los dibujos uno casi igual, pero que te hacía volar.
– ¡Listo! Aquí lo tengo. Ahora lo amarro con mi pita por acá… un nudo más por aquí y ya–
Era un proyectil muy semejante al de los dibujos. Estoy seguro de que me llevará al otro lado y me regresará sin problemas.
– Mamá, ya vengo. Voy a jugar con la gitana –
Tuve que decir esa mentira porque, si le decía lo que iba a hacer, seguro no me dejaba.
Lo que estaba por cruzar no era una acequia, ese nombre se lo merecían los pequeños y débiles. Lo que iba a cruzar era una represa gigante de cemento, que ni la tabla más grande daba hasta el otro lado.
El plan estaba listo. Primero amarro el proyectil a mi cintura como en los dibujos, luego doy el salto; aprieto el proyectil cuando esté cayendo y, con el chorro de aire que bota, llegaré al otro lado.
– Ahora es el momento, retador. He venido a aceptar tu desafío y te venceré. Y cuando esté al otro lado del mundo que divides, diré que yo he sido el conquistador–
Me preparé para saltar, retrocedí y tomé impulso, corrí lo más rápido que pude y salté.
– Wow, ya casi veo el otro lado–
En el aire parecía que el tiempo duraba un poco más. Entonces apreté el proyectil. Un sudor frío invadió todo mi cuerpo desde los pies a la cabeza… mi juguete había fallado. Lo apreté una vez más y tantas veces como pude, pero no. Tan fuerte fue la caída que temí quedarme sin piernas. Quedé todo embarrado, felizmente había poca agua porque, sino, me ahogaba. Como estaba todo planeado, regresé al lado del mundo que me pertenecía con la ayuda de una tabla que había puesto.
A esa aventura le siguió un castigo aquella tarde, pero no me importó. Yo había sido el valiente, yo había intentado por primera vez lo que muchos no… y, aunque no logré volar al otro lado del mundo, fui un héroe.
Pero algún día lo cruzaré… algún día…
Estísco (Escritos por el 2012)
Cerrando capítulos